Las clases comienzan mañana ¿Pero alguien se habrá preguntado en el Ministerio de Educación cómo harán las maestras que dictan clases en Los Romano para llegar al establecimiento? La escuela 132 está acá nomás, a poco más de una hora de viaje de San Miguel de Tucumán. Pero da la impresión de que queda lejísimos. Para arribar a este pueblo de fachadas marrones (por la tierra) hay que circular por la ruta 306, lo cual implica unos 50 kilómetros de pavimento y otros 40 de tierra. En auto se demora alrededor de una hora y en colectivo, tres. No hace falta una tormenta para que el tramo sin pavimentar se convierta en una pista de jabón; con una garúa sostenida alcanza. Por eso no es muy complicado imaginar cómo habrá quedado después de un mes de lluvias casi diarias.

En Tucumán, algunos caminos incomunican. No hace falta viajar demasiado para advertirlo. A los turistas esta realidad los hace andar a los tumbos cada vez que recorren los Valles Calchaquíes; ni siquiera la nueva traza de la 38 asegura llegar a destino sano y salvo, y los hombres de campo y los vecinos que circulan por los caminos rurales de La Cocha, de Burruyacu y de Leales, por poner algunos ejemplos, dudan si seguir haciéndolo en camioneta o en auto, o comprarse una lancha. Sus quejas también abarcan las rutas 304 (de Alderetes a Burruyacu), la 305 (de Las Talitas a Río Nío), la 334 (de La Cocha a Taco Ralo) y la 336 (de Burruyacu a Gobernador Garmendia).

En el sur hay una veintena de escuelas aisladas por las tormentas (a algunas de ellas, los docentes no pudieron llegar en todo febrero, o sea que ni siquiera se las desinfectó). Parece que el hecho de haber nacido o de tener que trabajar lejos de los centros urbanos importantes es una especie de condena al olvido y a la ensordecedora soledad de los reclamos sin respuesta. Los productores que suelen recorrer los caminos del Tucumán profundo son claros: las obras son escasas y, como no hay desagües ni drenajes, las vías de circulación de personas y vehículos se convierten en los canales por los que escurre el agua.

Incluso, no es extraño que los vecinos y los productores terminen formando consorcios para arreglarlos y, de esa forma, salir del aislamiento al que los condena la crudeza de la naturaleza y la falta de obras de infraestructura.

Si bien el mal estado de las rutas es un motivo de quejas durante todo el año, el problema se agrava en verano. Y afecta a todos por igual: tras las lluvias estivales las maestras no llegan a las escuelas, los chicos tienen vacaciones por tiempo indefinido y los vecinos no pueden salir de los pueblos ni siquiera en casos de emergencia (a menos que lo hagan en gomones, en el helicóptero de la provincia o, en el mejor de los casos, a caballo) ¿Alguien se preguntó cuándo volverán a moverse con libertad los habitantes que aún insisten en vivir en Sud de Lazarte y Niogasta, víctimas predilectas del río Chico?

A su vez, el problema tiene incidencia económica. A fines de marzo tendría que estar arrancando la campaña citrícola y no sería extraño que en abril algún ingenio largue la zafra ¿Cómo se entra a trabajar a los campos? La respuesta de los productores lo dice todo: hay que rogar que no siga lloviendo y que los arreglos en los caminos se hagan a tiempo como para garantizar algo de transitabilidad.

Los problemas no se limitan sólo a esos caminos que parecen no existir para la política y para gran parte de la sociedad. Viajar a los Valles Calchaquíes implica sacudones y riesgos a los cuales no deberían ser expuestos quienes se dirigen a algunos de los principales centros turísticos de la provincia, como Tafí del Valle, Amaicha y Quilmes. En el tramo de la 307 que une Santa Lucía con Tafí hay más baches que curvas y contracurvas (además, la señalización es mínima). Y en el tramo que va de Tafí del Valle a Amaicha, el avance de las obras que realiza Vialidad es casi imperceptible.

Alrededor de la ciudad, la autopista de Circunvalación es un paseo en el que se puede admirar una colección inmensa de basurales y afinar las habilidades de conducción esquivando pozos, caballos y personas. Y, a pesar de que a la nueva traza de la ruta 38 la habían calificado como segura, la muerte ya la recorrió: dos personas perdieron la vida el 11 de febrero en un choque en cadena que se produjo a la altura de Arcadia.

En definitiva, hay tucumanos que viven cada vez más lejos unos de otros, porque algunos caminos que deberían acercarlos y llevarles mejor calidad de vida y progreso sólo logran separarlos e incomunicarlos.